Telefonos de prostitutas testimonios prostitutas

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Tiene 22 años y llegó hace seis meses prefiere no decir desde qué parte de Venezuela: Y ya, ya me hice el sueldo mínimo de Venezuela ", me explica Paola. Hasta hace algo menos de un año la mayoría de las trabajadoras sexuales de este lugar eran colombianas la prostitución no es ilegal en este país , pero desde entonces en los ocho bares de la zona apenas quedan tres o cuatro mujeres locales, dicen quienes trabajan aquí.

Su asociación se encarga de brindar apoyo a las mujeres que se acercan a ella. Todos los lunes, o casi todos, Paola envía dinero a su madre en Venezuela. Ella se quedó a cargo de su hija de cuatro años. Paola no quiso traerla y tener que dejarla al cuidado de desconocidos cuando fuera a trabajar. Es difícil, murmura con cara triste, tenerla lejos. Cuando no estaba trabajando, Thuy pasaba el tiempo en la casa. Las chicas apenas podían comunicarse. Sólo nos enseñaron algunas palabras en el dialecto local, que es totalmente diferente.

Pese a todo, Thuy consiguió trabar amistad con un cliente. En una ocasión me dijo que su teléfono podía llamar a Vietnam, así que le pregunté si me dejaría llamar a mi hermana. Por un instante las nubes de la memoria se vuelven negras. Thuy se seca los ecos de aquel dolor con las mangas de una chaqueta rosa de punto con la que hoy, tres años después, se protege de la llegada del monzón.

Habían pasado sólo unos meses desde su llegada a Guang Xi cuando la trasladaron de nuevo. La Policía china había efectuado varias redadas contra la trata de blancas en la ciudad, así que el jefe decidió trasladar el brothel a una zona rural. Era un paisaje bucólico, una campiña rodeada de un bosque frondosos y tierras fértiles. Al cabo de unas semanas, la pareja adquirió una nueva joven. Era un muchacha hermosa, de unos 13 o 14 años, también de origen vietnamita.

Incapaz de resignarse, la pequeña se rebelaba con todas sus fuerzas. No la podían dejar sola, así que la llevaban con ellos a todas partes. En una ocasión, el marido tenía que viajar a su ciudad natal para arreglar unos asuntos de familia. Hicieron el trayecto en su coche particular. En el camino, en un peaje, la joven vio a la Policía y empezó a gritar. La Policía detuvo el coche y en cuestión de horas todas las chicas del brothel fueron liberadas. Entonces ocurrió lo de la Policía. Nos tiraban la comida en cajas sucias y todas teníamos que compartir la misma caja.

Yo estaba muy asustada porque en esa zona operan las mafias. Tras cruzar la frontera, las siete mujeres se dirigieron a Lang Son, donde una de ellas tenía una vivienda. Aunque lo habían perdido todo. Ya no eran vírgenes, ni inocentes. Ya tenían un pasado del que huir eternamente. En muchos casos, han sido las propias familias las que han vendido a las chicas. En Vietnam suele ser alguien cercano, un amigo, un vecino, un novio o un pariente lejano.

Thuy temía que su familia la repudiara. Que la hubiesen olvidado tras aquellos dos años. Con eso apenas podría telefonear a mi hermana y dejarle un mensaje para que me llamase. Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas.

De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir.

Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas.

O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no.

Le robaron la inocencia. El derecho a soñar con un mundo perfecto. De hecho, pensaba que estaban hablando de un trabajo en la construcción. Después, las otras dos chicas vietnamitas que estaban en el brothel me explicaron de lo que estaban hablando en realidad. Tenía que trabajar como prostituta.

Cuando Thuy se despertó aquella mañana de no sabía que sus días como estudiante responsable e hija ejemplar habían terminado. Desayunó y charló con su madre antes de salir a la calle. Se encaminó a la dirección de la agencia de trabajo temporal donde había quedado con su amiga. Antes de entrar en la oficina, dos hombres, que decían representar a la agencia de empleo, le pidieron que los acompañara a comprar material para su nuevo puesto.

Durante el trayecto le explicarían en que consistiría. Adquirieron gorras, sombreros y otros utensilios. Cuando dieron las Me alejé unos metros, hasta una esquina. Hablé con ella y le dije que no iría a casa a comer. Minutos después cogieron un taxi.

Es aquí donde la memoria de Thuy se balancea entre el olvido y la conciencia suspendida. Le ofrecieron un plato de noodles y algo de agua para beber.

Los dos hombres se volvieron a dirigir a ella. La condujeron a través de dos pasillos. Sólo se detuvieron para pagar. Sin darse cuenta, Thuy había cruzado la frontera clandestinamente. Era ya medianoche y el grupo se desplazó hasta un mercado.

Aquella madrugada no había maridos para Thuy. Sólo un nuevo taxi rumbo a la provincia de Guang Xi. Era una calle amplia, repleta de luces y carteles que copaban las paredes. Adentro, una pareja, él chino, ella vietnamita, esperaba en silencio. La conversación apenas duró unos minutos. Tenía unos 30 años y hablaba en su idioma.

Media hora después, otras dos jóvenes de origen vietnamita aparecieron en la vivienda. Fue entonces cuando la mujer se dirigió a Thuy: Desde pequeñas nos enseñan que nuestro cuerpo es sólo nuestro. Nadie puede decidir sobre nosotras. Si soy dueña de mi cuerpo, también debo poder trabajar con él. Por tanto, cuando utilizo mi cuerpo para ganar dinero, mi cuerpo es, literalmente, mi negocio ". Yvette vive con su novio y compatibiliza sin dificultad sus trabajos como realizadora, actriz porno, portavoz sindical y prostituta.

Nos hace un hueco en su apretada agenda un jueves a las 8 de la mañana. Debemos preparar las actividades del sindicato. Quise también hacer pornografía para saciar mis propios deseos sexuales. El trabajo sexual es legal en Holanda desde el año Con su legalización, las prostitutas tienen derechos y deberes como el resto de trabajadores holandeses. Pagan impuestos y deben tener un seguro médico. La actividad laboral debe desarrollarse en clubes sexuales, escaparates, casas privadas y mediante agencias de escorts , pero nunca al aire libre.

Se autoemplean, pagan sus impuestos y tienen que obtener una licencia antes de alquilar una 'ventana' para empezar a trabajar. Si no hacen todo eso, no pueden trabajar. La policía los inspecciona seis veces al año para comprobar que no hay explotación ni abusos de menores en su interior. Y es muy importante que las trabajadoras sexuales tengamos una organización que nos represente.

Tampoco es que crea que pudiesen conmigo, es solo que nunca temo que lo hagan ", confiesa. Ante la cantidad de comentarios que la acusaban de generalizar, la usuaria matiza: En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación.

Alma, Corazón, Vida Viajes. Las clientas femeninas son una rareza bien cotizada. Autor Miguel Sola Contacta al autor. Tiempo de lectura 5 min. Aunque no es legal, miles de españoles siguen recurriendo a los servicios de las profesionales.

Seguramente se lo pensarían dos veces si escuchasen estas palabras. Viko y Margarida son prostitutas satisfechas con su trabajo, aunque cada una de ellas lidia con "los estigmas sociales" de su profesión de un modo muy distinto. Cuando se habla de prostitución la mayoría de hombres dicen siempre lo mismo: El problema es que esas condiciones no existen. Una trabajadora sexual responde a todo tipo de preguntas sobre su ocupación. Por Gonzalo de Diego Ramos 2.

Por qué se recurre a la prostitución: Por qué la prostitución se ha convertido en un trabajo típico de clase media Por Héctor G. El abogado que dejó el bufete para hacerse escort. Y le va mejor Por Gonzalo de Diego Ramos 1.

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Esto es algo en lo que coinciden también otras prostitutas en sus testimonios y relatos; véase, por ejemplo, De Paula También han contado sus características. Nos hace un hueco en su apretada agenda un jueves a las 8 de la mañana. Y Juliana, otra de las chicas del Santa Fe, lo enuncia de forma muy cruda: Casi siempre llegan con una botella de vino, y en ocasiones comida. Lo sabe Cristina, que ejerce su trabajo de forma itinerante en diversos puntos de Chapinero: Siento rabia y dolor, pero no trato de intervenir sobre sus vidas. Carla Corso nació en Verona Italia en Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución.

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