Profesion mas antigua la prostitusion

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Para ello sólo es necesario dar un nombre o apodo "nick" , una dirección real de correo electrónico y una clave. La reflexión de Luis español sobre el origen del oficio o profesión me parece satisfactorio: Una mujer que no tuviera capacidad para cazar podía tener comida a cambio de su cuerpo.

Probablemente el primer profesional sería un lisiado. Entre pueblos primitivos, la educación es muy polivalente. Cuando no hay especialización en nada, tienes que aprender a hacer de todo. No consideremos la caza y recolección como oficio sino como ocupación de la mayor parte de la tribu humana; tampoco consideremos como oficios las dos grandes dignidades de las tribus primitivas, el brujo y el jefe -que a veces coincidían, supongo, en la misma persona; ni el arte de coser pieles, o la primera alfarería, obra seguramente de un montón de miembros de la tribu.

Cocinar sabrían cocinar todos. Sospecho que el primer oficio, o si prefieres la primera profesión, surge cuando uno, por estar lisiado o al menos físicamente pachucho no podía recolectar o cazar. Apuesto por alguien que era. De formación jurídico-económica, profesionalmente hablando Luis Antequera ha trabajado tanto en el mundo de la banca como en el de la enseñanza. Las tres pasiones a las que dedica su tiempo son la literatura, la historia de las religiones y la actualidad socio-política.

Ha colaborado en diversos programas de radio y televisión. En cuerpo y alma ofrece cada día su punto de vista sobre el mundo convulso que vivimos. Hoy 25 de mayo no es un Día cualquiera. De las diferencias entre católicos y anglicanos, a propósito de Harry. Hoy 11 de mayo no es un Día cualquiera. Hoy 4 de mayo no es un Día cualquiera. Hoy, 27 de abril, Día cualquiera. Cifuentes, o los inextricables caminos del Señor. El debate sobre la palabra "orbe" en la Biblia.

Hoy 20 de abril no es un Día cualquiera. Hoy 13 de abril no es un Día cualquiera. El egoísta y el envidioso ante una situación de riqueza sobrevenida.

Hoy, 6 de abril, no es un Día cualquiera. Quiénes Somos Contacto Tel: Una cosa es el oropel del éxito, los autógrafos y otra muy distinta no poderte tomar cien gramos de gambas. Porque resulta que el vulgo cree que en cine se gana una barbaridad de dinero. En los años que van desde el 50 al 65, se ganaba muy poco, al menos yo. Treinta mil pesetas cobré por protagonizar con Tony Leblanc Los tramposos.

En esos tiempos un piso mediano costaba un millón. Yo tardé bastante en ganar lo que se dice ganar. Las series de televisión que hice fueron las que me sacaron a flote, y también varias películas a partir de los años ochenta. He comprobado que el poco o mucho éxito que haya podido tener en esta profesión es por lo que me he inventado sobre los textos de los guiones de cine y obras de teatro. Siempre que me daban un guión yo me iba a mi casa y empezaba a poner cosas nuevas a mi personaje, sin tocar para nada el resto del guión.

Tuve la gran suerte de que los directores aceptaban absolutamente todo lo que había añadido. Entre otros, uno de mis primeros añadidos fue en la película Las muchachas de azul. Yo iba a unos almacenes a ligar con una dependienta con unas llaves que movía mucho en mi mano. La chica, esperanzada, me preguntaba: Que los productores y directores me hayan dejado hacer esto me ha permitido demostrar mi sentido del humor.

Estoy infinitamente agradecido a esta circunstancia. Cuando me entregan un guión o una obra de teatro, me dicen: Yo me escribía el guión o lo improvisaba, unas veces con mi amigo Juanito Navarro y otras veces solo. Tenía un pie obligado lógicamente, que era el tema del programa de la semana.

Todas esas frases estaban en la calle. Fue todo un éxito. Me considero incapaz de definir lo que es el sentido del humor. Yo creo que es una predisposición innata que se tiene o no se tiene.

Las cosas ingeniosas a los humoristas se nos ocurren y nadie puede decir cómo. Claro que hay muchas cosas que las deshecho a los dos segundos de habérseme ocurrido. Antes me ocurría muy a menudo: Lo que hay que hacer en el humor es ser distinto. Ahí tenemos a Gila, Tip y, en cierto modo también, a Chiquito de la Calzada, que lo que menos importa son los chistes que cuenta, sino las cosas extrañas que hace mientras los escenifica. El triunfo en este difícil género es salirse de norma y sobre todo ser muy crítico con uno mismo.

No creer que eres genial y que todo lo que inventas es cojonudo. Un punto de modestia es muy necesario. Tampoco creo en tener que esperar a que venga la inspiración y se siente a tu lado. Me he dado cuenta después de setenta años de que lo que yo soy en realidad es escritor, lo que pasa es que he hecho tanto teatro y tanto cine que nunca he tenido tiempo de sentarme ante un ordenador. Tengo tres comedias de teatro escritas, tres series de televisión. Sé que me va a pasar lo que a ciertos pintores célebres.

Es posible que se me reconozca como escritor humorista cuando me haya ido a hacer puñetas. He descubierto que mi querido y admirado Alfonso Ussía tiene en su casa lo mismo que yo, un gran saco lleno de palabras. Él las pone en un orden perfecto, otros no tanto, entre los que me incluyo. No sabe Alfonso el mal que crea al escribir tan bien. Yo creo que sí. Sus artículos en Época y ABC son serios, consecuentes, inteligentes.

Sus libros, con un humor admirable. Tanto puedo decir de muchos otros escritores que con total desvergüenza escriben muy bien. De todo debe haber en la viña del Señor. Les dejo porque voy a echarme a llorar un rato. El origen de este maravilloso arte empezó, como todo el mundo sabe, en Grecia. El teatro es la madre por excelencia de todos los medios que vinieron después: En algunos casos ocurren cosas graciosas encima del escenario durante la representación, que nos hacen reír porque nos cogen desprevenidos.

Para eso yo tengo un truco. Ellos han pagado su entrada para reírse y no tienen por qué notar que te ocurre algo. El padre de Lina Morgan murió a las nueve de la noche. Lina estaba en el escenario a las once en punto. Esto no ocurre ni en el cine ni en la televisión. El teatro tiene la ventaja sobre el cine, al menos en el género cómico, de que puedes hacer pruebas.

Con eso se consigue añadir risas a la función. Cuando estrenamos Lina Morgan y yo la revista La marina te llama, la gente no se reía mucho.

Al poco tiempo de esto Lina pudo comprarse el Teatro de la Latina. Ciudad Rodrigo, una bella ciudad declarada monumento nacional, año Actuaba a la sazón en esa ciudad con la compañía de mis padres, Compañía de comedias cómicas Puchol Ozores.

Vivía en una modesta pensión. Me tumbé en mi colchón de borra a estudiar la próxima obra de teatro que íbamos a representar. Tres de la madrugada. Nadie a quién pedir lumbre. Fui a la calle. El sereno no fumaba. No me quiso dar las señas de alguna casa de lenocinio. Por otra parte ir a una casa de prostitución a pedir una cerilla no es nada normal. Regresé a mi pensión. Me tumbé en mi cama…soplé, y apagué la vela. Pues ése soy yo. Yo interpreté a los diecinueve años.

Fue mi primera oportunidad de interpretar a don Juan. Naturalmente, era lo suficientemente inconsciente para no concederle excesiva importancia, aunque en los primeros ensayos empecé a aterrarme. Me aprendí no sólo mi personaje, sino el de toda la obra de Zorrilla, y en verso. Mandaron la sastrería de Madrid y ahí empecé a envanecerme.

Siempre al que interpretaba a don Juan le daban el mejor traje, y sobre todo… la mejor espada. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo que estuve bastante bien, y lo sé porque en aquel momento en Zamora el crítico del periódico local era Gua, el gran humorista y mi gran amigo, con el que me sigue uniendo una gran amistad.

Por cierto, el empresario del teatro se llamaba San Vicente. Entonces yo era muy pequeño, porque en los años cuarenta tener diecinueve años era ser, pero que muy pequeño. La penuria de los años cincuenta en la revista. Durante muchos años actué en diversas compañías de revista. Por los años cincuenta empezaron a salir las medias llamadas de cristal, pero eran carísimas. El vestuario de las bailarinas —esto de bailarinas es un eufemismo— era absolutamente sorprendente.

Los sombreros que utilizaban eran esas macetas de tamaño mediano de barro pintadas de colores con Titanlux. Tenían un fuerte barboquejo para que el peso no las hiciera caer. Sobre un pequeño pantaloncito llevaban una especie de flecos confeccionados con bolsas de basura de diferentes colores, que con unas tijeras eran cortadas para darles esa forma de flecos. Con asistencia del autor.

Las que casi siempre estaban en provincias eran las compañías modestas. Entonces se veía tanto teatro porque no existía la televisión y se hacía muy poco cine en nuestro país. Esto consistía en que, al final de la representación, los propios actores de la compañía recitaban versos, hacían juegos de manos, algunos hasta cantaban una canción de moda. Pero había también otra novedad. El autor estaba en Madrid y no se le ocurriría ir a un pueblo perdido en el mapa de España.

Pero todo estaba previsto. A uno de los actores de la compañía se le ponía unas gafas, un bigote, un buen traje, y al final de la representación salía a saludar haciéndose pasar por el autor. Este truco siempre funcionaba bien, hasta que un día en que se representaba La dama boba salió el autor a saludar. Tres eruditos del pueblo, el boticario, el alcalde y el médico pusieron el grito en el cielo: Los actores ese día con lo que les arrojó el respetable tuvieron una opípara cena vegetariana, con los tomates, zanahorias y diversas verduras que les tiraron al escenario.

Esto sería en , recién terminada la guerra civil. Entonces había una costumbre que utilizaban todas las compañías de teatro: Felicitémonos por el final de esta guerra fraticida entre hermanos.

Aquí en Tortosa como en toda España celebremos este hecho. Es que Tortosa es un pueblo especial. Hubo un silencio total. Ni un aplauso, nada. Mi padre salió del escenario y le dijo a mi hermano José Luis Peliche: Mi hermano hizo una pausa y le contestó: Por los años cincuenta y sesenta existía un autor teatral llamado Ramón Torrado que escribía comedias muy comerciales pero que no gozaba de la simpatía de los intelectuales. Uno de ellos dijo de dicho autor: Los fines de fiesta de los años cincuenta.

Con la compañía de mis padres, Compañía Puchol-Ozores, estuvimos cinco meses consecutivos en el Teatro Pavón de Madrid, a cinco pesetas la butaca. Entonces la familia no teníamos casa en Madrid y vivíamos en una pensión en la calle Doctor Cortezo. Un buen día a mitad de la canción le dio un ataque de tos La función debe continuar.

Pasar el año nuevo en el escenario. También he pasado muchos años nuevos encima de un escenario en Madrid, y sobre todo en provincias. El primer acto transcurre normalmente.

El ritual de las doce campanadas, que es cuando entra el nuevo año, suele acontecer un poco antes de que termine el primer acto.

Por megafonía se conecta siempre con Radio Nacional y hay una espera de unos minutos antes de que suenen las campanadas. Llega el momento de las doce campanadas. Abrazos del respetable entre sí, y también entre los que estamos en el escenario. Sobre todo en provincias. Su alegría es desbordante, las conversaciones entre ellos se cruzan, se oyen risas y naturalmente no se enteran en absoluto de lo que decimos los que estamos encima del escenario Un día fue por el conocido Café Gijón y contó la triste historia de lo que le había ocurrido en la playa de Santander.

Su hijo de siete años se estaba bañando en el mar y no sabe cómo ocurrió realmente, pero se ahogó. Pidió a todos sus amigos que hicieran una colecta para pagar el entierro. Entre todos le consiguieron veinte mil pesetas.

Exactamente al día siguiente Castañares paseaba por la calle con su hijo de siete años y se encontró con uno de los del Café Gijón que había organizado la colecta para el entierro del niño.

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profesion mas antigua la prostitusion Este libro se lo dedico a todos los perros del mundo. Ellos han pagado su entrada para reírse y no tienen por qué notar que te ocurre algo. Le dije que me era imposible repetir lo que había dicho porque no sabía lo que había dicho. Inventario de inconvenientes que parecen de otro siglo Una cosa es el oropel del éxito, prostitutas famosas españa prostitutas en cornella autógrafos y otra muy distinta no poderte tomar cien gramos de gambas. Pero nos contaron —todo presuntamente— profesion mas antigua la prostitusion uno de los lectores era del Partido Comunista y sin que se enterara nadie entregó unos guiones de la serie a su partido para que la leyeran. Tuve la gran suerte de que los directores aceptaban absolutamente todo lo que había añadido.

Lo es, y sólo lo es, cuando se hace pagar por ello, no cuando lo hace porque le gusta o porque le obligan. De lo que pueden Vds.

Por mi parte, me conformo con haber puesto la cuestión sobre la mesa. Y de paso haberles hecho pasar un ratito divertido. Que hagan mucho bien y que no reciban menos. ReL te regala todos los días un trozo de Cielo… pero necesitamos tu ayuda para seguir haciéndolo. En cuerpo y alma 12 junio Religión en Libertad te invita a salir. Manuela es monja, cantante y evangelizadora, pero antes tocó fondo en la noche hasta ser rescatada.

Ir a abortar de un país a otro cuesta un tiempo La fe, la ciencia y el amor a la naturaleza de John Muir, cuando celebramos la biodiversidad. No estaba bautizada ni pensaba bautizar a su hijo, una amiga insistió Para mandar comentarios, es necesario estar registrado. Para registrarse pulse aquí Si ha olvidado su clave, pulse aquí. Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9: Para ello sólo es necesario dar un nombre o apodo "nick" , una dirección real de correo electrónico y una clave.

La reflexión de Luis español sobre el origen del oficio o profesión me parece satisfactorio: Una mujer que no tuviera capacidad para cazar podía tener comida a cambio de su cuerpo. Probablemente el primer profesional sería un lisiado. Entre pueblos primitivos, la educación es muy polivalente.

Cuando no hay especialización en nada, tienes que aprender a hacer de todo. No consideremos la caza y recolección como oficio sino como ocupación de la mayor parte de la tribu humana; tampoco consideremos como oficios las dos grandes dignidades de las tribus primitivas, el brujo y el jefe -que a veces coincidían, supongo, en la misma persona; ni el arte de coser pieles, o la primera alfarería, obra seguramente de un montón de miembros de la tribu. Cocinar sabrían cocinar todos.

Sospecho que el primer oficio, o si prefieres la primera profesión, surge cuando uno, por estar lisiado o al menos físicamente pachucho no podía recolectar o cazar.

Apuesto por alguien que era. De formación jurídico-económica, profesionalmente hablando Luis Antequera ha trabajado tanto en el mundo de la banca como en el de la enseñanza. Ésa fue la primera prostituta. Recibió algo a cambio de sexo. Esto no quiere decir que yo no tenga un afecto especial a las prostitutas, son necesarias desde hace muchos años para la sociedad, y a mí me quieren mucho porque repito lo que dijo el premio Nobel don Jacinto Benavente: Esto, aunque lo parezca, no es una autobiografía.

Cuando quieran tengo documentación masiva que avala cuanto expongo. En primer lugar quiero advertir que este libro no es una autobiografía. Las autobiografías escritas por el mismo protagonista no suelen ser muy fieles.

La vanidad del autor siempre saca a relucir sus magníficas cualidades y generalmente son un autobombo. Esto que van ustedes a leer si es que han comprado el libro, que por otra parte, no es caro son muchas cosas juntas: Por otro lado, espero un gran éxito con este libro porque hablo sobre las mujeres que he conocido.

Tanto es así que en un principio pensé titularlo Mis mujeres , para así aparecer en todos los programas del corazón, pero no podía ser porque se cuentan muchas otras cosas. Todo lo que cuento es absolutamente verídico y por supuesto inédito. Todo son cosas cortitas. Se puede leer de una sentada o de una acostada.

Este libro se lo dedico a todos los perros del mundo,. Yo me llevo muy bien conmigo como actor. Por supuesto que he hecho películas, digamos que de poca categoría en las que yo como intérprete he estado bastante mal, para qué vamos a andarnos con tonterías. Pero justifico el haberlas hecho porque como cada quisque tenía que pagar el alquiler del apartamentito, la luz, el gas y mi bocadillo de jureles.

Porque aquí donde me ven, económicamente he tenido épocas de una debilidad económica extrema. Después de interpretar Los tramposos , en el año estuve todo un año sin que nadie me contratara.

En esta profesión es muy frecuente. No me ha ocurrido sólo a mí sino a infinidad de actores. Una cosa es el oropel del éxito, los autógrafos y otra muy distinta no poderte tomar cien gramos de gambas.

Porque resulta que el vulgo cree que en cine se gana una barbaridad de dinero. En los años que van desde el 50 al 65, se ganaba muy poco, al menos yo. Treinta mil pesetas cobré por protagonizar con Tony Leblanc Los tramposos.

En esos tiempos un piso mediano costaba un millón. Yo tardé bastante en ganar lo que se dice ganar. Las series de televisión que hice fueron las que me sacaron a flote, y también varias películas a partir de los años ochenta. He comprobado que el poco o mucho éxito que haya podido tener en esta profesión es por lo que me he inventado sobre los textos de los guiones de cine y obras de teatro. Siempre que me daban un guión yo me iba a mi casa y empezaba a poner cosas nuevas a mi personaje, sin tocar para nada el resto del guión.

Tuve la gran suerte de que los directores aceptaban absolutamente todo lo que había añadido. Entre otros, uno de mis primeros añadidos fue en la película Las muchachas de azul. Yo iba a unos almacenes a ligar con una dependienta con unas llaves que movía mucho en mi mano. La chica, esperanzada, me preguntaba: Que los productores y directores me hayan dejado hacer esto me ha permitido demostrar mi sentido del humor. Estoy infinitamente agradecido a esta circunstancia. Cuando me entregan un guión o una obra de teatro, me dicen: Yo me escribía el guión o lo improvisaba, unas veces con mi amigo Juanito Navarro y otras veces solo.

Tenía un pie obligado lógicamente, que era el tema del programa de la semana. Todas esas frases estaban en la calle. Fue todo un éxito. Me considero incapaz de definir lo que es el sentido del humor. Yo creo que es una predisposición innata que se tiene o no se tiene. Las cosas ingeniosas a los humoristas se nos ocurren y nadie puede decir cómo. Claro que hay muchas cosas que las deshecho a los dos segundos de habérseme ocurrido.

Antes me ocurría muy a menudo: Lo que hay que hacer en el humor es ser distinto. Ahí tenemos a Gila, Tip y, en cierto modo también, a Chiquito de la Calzada, que lo que menos importa son los chistes que cuenta, sino las cosas extrañas que hace mientras los escenifica. El triunfo en este difícil género es salirse de norma y sobre todo ser muy crítico con uno mismo. No creer que eres genial y que todo lo que inventas es cojonudo.

Un punto de modestia es muy necesario. Tampoco creo en tener que esperar a que venga la inspiración y se siente a tu lado.

Me he dado cuenta después de setenta años de que lo que yo soy en realidad es escritor, lo que pasa es que he hecho tanto teatro y tanto cine que nunca he tenido tiempo de sentarme ante un ordenador. Tengo tres comedias de teatro escritas, tres series de televisión. Sé que me va a pasar lo que a ciertos pintores célebres. Es posible que se me reconozca como escritor humorista cuando me haya ido a hacer puñetas. He descubierto que mi querido y admirado Alfonso Ussía tiene en su casa lo mismo que yo, un gran saco lleno de palabras.

Él las pone en un orden perfecto, otros no tanto, entre los que me incluyo. No sabe Alfonso el mal que crea al escribir tan bien. Yo creo que sí. Sus artículos en Época y ABC son serios, consecuentes, inteligentes. Sus libros, con un humor admirable. Tanto puedo decir de muchos otros escritores que con total desvergüenza escriben muy bien. De todo debe haber en la viña del Señor. Les dejo porque voy a echarme a llorar un rato. El origen de este maravilloso arte empezó, como todo el mundo sabe, en Grecia.

El teatro es la madre por excelencia de todos los medios que vinieron después: En algunos casos ocurren cosas graciosas encima del escenario durante la representación, que nos hacen reír porque nos cogen desprevenidos.

Para eso yo tengo un truco. Ellos han pagado su entrada para reírse y no tienen por qué notar que te ocurre algo. El padre de Lina Morgan murió a las nueve de la noche. Lina estaba en el escenario a las once en punto. Esto no ocurre ni en el cine ni en la televisión. El teatro tiene la ventaja sobre el cine, al menos en el género cómico, de que puedes hacer pruebas.

Con eso se consigue añadir risas a la función. Cuando estrenamos Lina Morgan y yo la revista La marina te llama, la gente no se reía mucho. Al poco tiempo de esto Lina pudo comprarse el Teatro de la Latina. Ciudad Rodrigo, una bella ciudad declarada monumento nacional, año Actuaba a la sazón en esa ciudad con la compañía de mis padres, Compañía de comedias cómicas Puchol Ozores.

Vivía en una modesta pensión. Me tumbé en mi colchón de borra a estudiar la próxima obra de teatro que íbamos a representar. Tres de la madrugada. Nadie a quién pedir lumbre. Fui a la calle. El sereno no fumaba. No me quiso dar las señas de alguna casa de lenocinio. Por otra parte ir a una casa de prostitución a pedir una cerilla no es nada normal. Regresé a mi pensión. Me tumbé en mi cama…soplé, y apagué la vela.

Pues ése soy yo. Yo interpreté a los diecinueve años. Fue mi primera oportunidad de interpretar a don Juan. Naturalmente, era lo suficientemente inconsciente para no concederle excesiva importancia, aunque en los primeros ensayos empecé a aterrarme.

Me aprendí no sólo mi personaje, sino el de toda la obra de Zorrilla, y en verso. Mandaron la sastrería de Madrid y ahí empecé a envanecerme. Siempre al que interpretaba a don Juan le daban el mejor traje, y sobre todo… la mejor espada. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo que estuve bastante bien, y lo sé porque en aquel momento en Zamora el crítico del periódico local era Gua, el gran humorista y mi gran amigo, con el que me sigue uniendo una gran amistad.

Por cierto, el empresario del teatro se llamaba San Vicente. Entonces yo era muy pequeño, porque en los años cuarenta tener diecinueve años era ser, pero que muy pequeño.

La penuria de los años cincuenta en la revista. Durante muchos años actué en diversas compañías de revista. Por los años cincuenta empezaron a salir las medias llamadas de cristal, pero eran carísimas.

El vestuario de las bailarinas —esto de bailarinas es un eufemismo— era absolutamente sorprendente. Los sombreros que utilizaban eran esas macetas de tamaño mediano de barro pintadas de colores con Titanlux. Tenían un fuerte barboquejo para que el peso no las hiciera caer. Sobre un pequeño pantaloncito llevaban una especie de flecos confeccionados con bolsas de basura de diferentes colores, que con unas tijeras eran cortadas para darles esa forma de flecos.

Con asistencia del autor. Las que casi siempre estaban en provincias eran las compañías modestas. Entonces se veía tanto teatro porque no existía la televisión y se hacía muy poco cine en nuestro país. Esto consistía en que, al final de la representación, los propios actores de la compañía recitaban versos, hacían juegos de manos, algunos hasta cantaban una canción de moda. Pero había también otra novedad.

El autor estaba en Madrid y no se le ocurriría ir a un pueblo perdido en el mapa de España. Pero todo estaba previsto. A uno de los actores de la compañía se le ponía unas gafas, un bigote, un buen traje, y al final de la representación salía a saludar haciéndose pasar por el autor. Este truco siempre funcionaba bien, hasta que un día en que se representaba La dama boba salió el autor a saludar.

Tres eruditos del pueblo, el boticario, el alcalde y el médico pusieron el grito en el cielo: Los actores ese día con lo que les arrojó el respetable tuvieron una opípara cena vegetariana, con los tomates, zanahorias y diversas verduras que les tiraron al escenario. Esto sería en , recién terminada la guerra civil. Entonces había una costumbre que utilizaban todas las compañías de teatro: Felicitémonos por el final de esta guerra fraticida entre hermanos. Aquí en Tortosa como en toda España celebremos este hecho.

Es que Tortosa es un pueblo especial. Hubo un silencio total. Ni un aplauso, nada. Mi padre salió del escenario y le dijo a mi hermano José Luis Peliche:

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